35El Viernes 14 estamos listos para partir al Nacional.
Los fascistas parecen haberse olvidado de Víctor. Nos hacen formar para subir a
unos buses, manos en alto y saltando. Y las bayonetas clavándonos. En el último
minuto, una balacera nos vuelve a las graderías.
Y llegamos al fatídico SABADO 15 DE SEPTIEMBRE DE 1973. Cerca del mediodía tenemos noticias que
saldrán en libertad algunos compañeros de la UTE. Frenéticos
empezamos a escribirles a nuestras esposas, a nuestras madres, diciéndoles
solamente que estábamos vivos. Víctor
sentado entre nosotros me pide lápiz y papel. Yo le alcanzo esta libreta, cuyas
tapas aún conservo. Y Víctor comienza a escribir, pensamos en una carta a Joan
su compañera. Y escribe, escribe, con el apremio del presentimiento. De
improviso, dos soldados lo toman y lo arrastran violentamente hasta un sector
alto del Estadio, donde su ubica un palco, gradería norte. El oficial llamado
el Príncipe tenía visitas, oficiales de la Marina. Y desde lejos vemos como uno de ellos
comienza a insultar a Víctor, le grita histérico y le da golpes de puño. La
tranquilidad que emana de los ojos de Víctor descompone a sus cancerberos.- Los
soldados reciben orden de golpearlo y comienzan con furia a descargar las
culatas de sus fusiles en el cuerpo de Víctor. 2 Veces alcanza a levantarse
Víctor, herido, ensangrentado. Luego no vuelve a levantarse. Es la última vez
que vemos con vida a nuestro querido trovador. Sus ojos se posan por última vez,
sobre sus hermanos, su pueblo
mancillado.
Aquella noche, nos trasladan al Estadio Nacional y al
salir al foyer del Estadio Chile vemos un espectáculo dantesco. Treinta o
cuarenta cuerpos sin vida están botados allí y entre ellos, junto a Litre
Quiroga, Director de Prisiones del Gobierno Popular, también asesinado, el cuerpo inerte y el pecho perforado a
balazos de nuestro querido VICTOR JARA. 42 balas. La brutalidad fascista
había concluído su criminal faena. Era la noche del Sábado 15 de Septiembre. Al
día siguiente su cadaver ensangrentado, junto a otros, sería arrojado cerca del
Cementerio Metropolitano.
6Esa noche, entre golpes y culatazos ingresamos
prisioneros al Estadio Nacional.-
.......Y nuestras lágrimas de hombres quedaron en reguero, recordando tu
canto y tu voz, amado Víctor, Víctor del
Pueblo:
Yo no canto por
cantar
Ni por tener buena
voz
Canto porque la
guitarra
Tiene sentido y
razón.
Que no es guitarra de
ricos
Ni
cosa que se parezca
Mi canto es de los
andamios
Para alcanzar las
estrellas
(fragmentos)
Te
recuerdo Amanda
la calle mojada
donde trabajaba
Manuel
Manuel
(fragmentos)
 |
| VICTOR JARA , "EL CIGARRITO" |
fuerza del trabajador, que se desangra hasta morir.
Un grito de espanto nos sobrecoge. Desde lo alto de la gradería, un trabajador
enloquecido se lanza al vacío al grito de ¡VIVA ALLENDE! y su cuerpo estalla en sangre en la cancha del
estadio. Enceguecidos por los reflectores y bajo los cañones de las
ametralladoras llamadas “las sierras de Hitler” siguen llegando nuevos
prisioneros.
VÍCTOR, herido, ensangrentado, permanece bajo custodia en uno de los pasillos del
Estadio Chile. Sentado en el suelo de cemento, con prohibición de moverse.
Desde ese lugar, contempla el horror del fascismo.
Allí, en ese mismo Estadio que lo aclamó en una noche
del año 69 cuando gana el Primer Festival de la Nueva Canción
Chilena, con su PLEGARIA DE UN LABRADOR
Levántate
Y mírate las manos
Para crecer, estrecharla a tu hermano
Junto iremos unidos en la sangre
Hoy es el tiempo que puede ser mañana.
Juntos iremos unidos en la sangre
Ahora y en la hora
de nuestra muerte, amen
(fragmento) Allí es obligado a permanecer la noche del Miércoles
12 y parte del Jueves 13, sin ingerir alimento alguno, ni siquiera agua. Víctor
tiene varias costillas rotas, uno de sus ojos casi reventado, su cabeza y
rostro ensangrentados y hematomas en todo su cuerpo. Y estando allí, es exhibido como trofeo por
el Oficial superior y por “el Príncipe” ante las delegaciones de oficiales de
las otras ramas castrenses y cada uno de ellos hace escarnio del cantor.a tarde del Jueves se produce un revuelo en el
Estadio. Llegan buses de la
Población La Legua. Se habla de enfrentamiento. Y bajan de
los buses muchos presos, heridos y también muchos muertos. A raíz de este revuelo, se olvidan un poco de
Víctor. Los soldados fueron requeridos a la entrada del Estadio.
Entonces, aprovechamos de arrastrar a Víctor hasta las
graderías. Le damos agua. Le limpiamos el rostro. Eludiendo la vigilancia de
los reflectores y las “punto 50”, nos damos a la tarea de
cambiar un poco el aspecto de Víctor. Queremos disfrazar su estampa conocida.
Que pase a ser uno más entre los miles. Un viejo carpintero de la UTE le regala su chaquetón
azul para cubrir su camisa campesina. Con un cortauñas le cortamos un poco su
pelo ensortijado. Y cuando nos ordenan confeccionar listas de los presos para
el traslado al Estadio Nacional, también disfrazamos su nombre y le inscribimos
con su nombre completo: VÍCTOR LIDIO JARA MARTINEZ. Pensábamos, con angustia,
que si llegábamos con Víctor al “Nacional”, y escapábamos de la bestialidad
fascista del “Chile”, podríamos, tal vez, salvar su vida.
Un estudiante nuestro ubica a un soldado conocido, le
pide algo de alimento para Víctor. El soldado se excusa, dice que no tiene, pero
mas tarde aparece con un huevo crudo, lo único que pudo conseguir y Víctor toma
el huevo y lo perfora con un fósforo en los dos extremos y comienza a chuparlo
y nos dice, recuperando un tanto su risa y su alegría, “en mi tierra de Lonquén
así aprendí a comer los huevos”. Y duerme con nosotros la noche del Jueves,
entre el calor de sus compañeros de infortunio y, entonces, le preguntamos que
haría él, un cantor popular, un artista comprometido, un militante
revolucionario, ahora en Dictadura y su rostro se ensombrece previendo, quizás,
la muerte. Hace recuerdos de su compañera, Joan, de Amanda y Manuela, sus hijas
y del Presidente Allende, muerto en la Moneda, de su amado pueblo, de su partido, de
nuestro Rector y de sus compañeros artistas. Su humanidad se desborda entera
aquella fría noche de Septiembre.
5El Viernes 14 estamos listos para partir al Nacional.
Los fascistas parecen haberse olvidado de Víctor. Nos hacen formar para subir a
unos buses, manos en alto y saltando. Y las bayonetas clavándonos. En el último
minuto, una balacera nos vuelve a las graderías.
Y llegamos al fatídico SABADO 15 DE SEPTIEMBRE DE 1973. Cerca del mediodía tenemos noticias que
saldrán en libertad algunos compañeros de la UTE. Frenéticos
empezamos a escribirles a nuestras esposas, a nuestras madres, diciéndoles
solamente que estábamos vivos. Víctor
sentado entre nosotros me pide lápiz y papel. Yo le alcanzo esta libreta, cuyas
tapas aún conservo. Y Víctor comienza a escribir, pensamos en una carta a Joan
su compañera. Y escribe, escribe, con el apremio del presentimiento. De
improviso, dos soldados lo toman y lo arrastran violentamente hasta un sector
alto del Estadio, donde su ubica un palco, gradería norte. El oficial llamado
el Príncipe tenía visitas, oficiales de la Marina. Y desde lejos vemos como uno de ellos
comienza a insultar a Víctor, le grita histérico y le da golpes de puño. La
tranquilidad que emana de los ojos de Víctor descompone a sus cancerberos.- Los
soldados reciben orden de golpearlo y comienzan con furia a descargar las
culatas de sus fusiles en el cuerpo de Víctor. 2 Veces alcanza a levantarse
Víctor, herido, ensangrentado. Luego no vuelve a levantarse. Es la última vez
que vemos con vida a nuestro querido trovador. Sus ojos se posan por última vez,
sobre sus hermanos, su pueblo
mancillado.
Aquella noche, nos trasladan al Estadio Nacional y al
salir al foyer del Estadio Chile vemos un espectáculo dantesco. Treinta o
cuarenta cuerpos sin vida están botados allí y entre ellos, junto a Litre
Quiroga, Director de Prisiones del Gobierno Popular, también asesinado, el cuerpo inerte y el pecho perforado a
balazos de nuestro querido VICTOR JARA. 42 balas. La brutalidad fascista
había concluído su criminal faena. Era la noche del Sábado 15 de Septiembre. Al
día siguiente su cadaver ensangrentado, junto a otros, sería arrojado cerca del
Cementerio Metropolitano.
Esa noche, entre golpes y culatazos ingresamos
prisioneros al Estadio Nacional.-
.......Y nuestras lágrimas de hombres quedaron en reguero, recordando tu
canto y tu voz, amado Víctor, Víctor del
Pueblo:
Yo no canto por
cantar
Ni por tener buena
voz
Canto porque la
guitarra
Tiene sentido y
razón.
Que no es guitarra de
ricos
Ni
cosa que se parezca
Mi canto es de los
andamios
Para alcanzar las
estrellas
(fragmentos)
Te
recuerdo Amanda
la calle mojada
donde trabajaba
Manuel
Manuel
(fragmentos)

7Esa misma noche, ya en el Nacional, lleno de
prisioneros, al buscar una hoja para escribir, me encontré en mi Libreta, que
Víctor me lanzó al ser arrastrado por los soldados, no con una carta, sino con
los últimos versos de Víctor, con su último canto, que escribió unas horas
antes de morir y que el mismo tituló “ESTADIO
CHILE”, conteniendo todo el horror y el espanto de aquellas horas.
Inmediatamente acordamos guardar este poema. Un zapatero abrió la suela de mi
zapato y allí escondimos las dos hojas originales del poema. Antes, yo hice dos
copias de él, y junto al ex Senador Ernesto Araneda, también preso, se las entregamos a un estudiante y a un médico que
saldrían en libertad.
Sin embargo, el joven es chequeado por los militares
en la puerta de salida y le descubren los versos de Víctor. Lo regresan y bajo
tortura obtienen el origen del poema. Llegan a mí y me llevan al Velódromo,
transformado en recinto de torturas e interrogatorio.
Me entregan a la FACH y tan pronto me arrojan de un culatazo a la
pieza de tortura, el oficial me ordena sacarme el zapato donde oculto los
versos. ¡Ese zapato, cabrón!!! Grita furibundo. Su brutalidad se me viene encima. Golpea el
zapato hasta hacer salir las hojas escritas. Mi suerte estaba echada. Y
comienzan las torturas, patadas, culatazos y la corriente horadando las entrañas,
torturas destinadas a saber si existían más copias del poema. Y ¿porqué a los
fascistas les interesaba el poema? Porque a 5 días del golpe fascista en Chile,
el mundo entero, estremecido, alzaba su voz levantando las figuras y los
nombres señeros de SALVADOR ALLENDE y VÍCTOR JARA y, en consecuencia, sus versos de denuncia, escritos antes del
asesinato, había que sepultarlos.-
Pero, quedaba otra copia con los versos de Víctor, que
esa noche debía salir del estadio.
Entonces, se trataba de aguantar el dolor de la
tortura. De la sangre. Yo sabía que cada minuto que soportara las flagelaciones
en mi cuerpo, era el tiempo necesario para que el poema de Víctor atravesara
las barreras del fascismo. Y, con orgullo debo decir que los torturadores no
lograron lo que querían. Y una de las copias atravesó las alambradas y voló a
la libertad y aquí están los versos de Víctor, de su último poema, “ESTADIO CHILE”:
8Somos cinco mil
En esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil
¿Cuántos seremos en total
en las ciudades y en todo el país?
¡Cuanta humanidad
hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!.
Somos diez mil manos menos
que no producen
¿Cuántos somos en toda la Patria?
La sangre del compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas
Así golpeará nuestro puño nuevamente.
CANTO QUE MAL ME SALES
CUANDO TENGO QUE
CANTAR ESPANTO
ESPANTO COMO EL QUE VIVO
COMO EL QUE MUERO,
ESPANTO.
Estos versos recorrieron todo el planeta. Y las
canciones de Víctor, de amor y rebeldía, de denuncia y compromiso, siguen conquistando
a los jóvenes de todos los rincones de la tierra.
El oficial fascista que ordenó acribillar-lo debió
quedar contento con su crimen, pensando que había silenciado la voz del cantor,
sin saber que hay poetas y cantores
como VÍCTOR JARA, que no mueren, que mueren para vivir, y que su voz y su canto
seguirán vivos para siempre en el corazón de los pueblos.
Este es mi testimonio y a ustedes se lo entrego
queridos compañeros.-
BORIS NAVIA
ESTADIO CHILE, HOY ESTADIO VICTOR JARA
![Audio] Nuestro Canto: Boris Navia, en nombre de Víctor Jara ...](https://m.cooperativa.cl/noticias/site/artic/20160831/imag/foto_0000000620160831222013.jpg) |
BORIS NAVIA, ABOGADO, COMPAÑERO DE CONFINAMIENTO, TORTURA Y ASESINATO DE VÍCTOR JARA. AUTOR COMO TESTIGO, DEL CRUEL Y TERRIBLE ASESINATO. |
s Navia Pérez, Abogado. Casado, 3 hijos. Fue detenido el 12 de Septiembre de 1973 en la Universidad Técnica del Estado, junto con Víctor Jara y cientos de profesores y estudiantes. Militante comunista. Formaba parte del Consejo Superior de la U.T.E. y era Jefe del Departamento de Personal y Nombramientos. Estuvo detenido en el Estadio Chile, Estadio Nacional, Chacabuco y Tres Alamos. Recuperó su libertad después de más de un año como prisionero político y al recuperar su libertad se dedicó a la defensa de los derechos humanos. Hoy preside el Club de Amigos de Radio Nuevo Mundo y ejerce su profesión, asesora a la Confederación Campesina Ranquil, exonerados políticos y otros gremios.-